Rafael Alvarez Ovalle (1858-1946)

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BIOGRAFIA

Nació en San Juan Comalapa, departamento de Chimaltenango (Guatemala) el 24 de Octubre de 1858, hijo de Rosendo Álvarez e Ildefonsa Ovalle. Sus primeras letras las aprendió con el profesor Juan Alegría y su iniciación musical la recibió de su padre, quien desempeñó durante mucho tiempo el cargo de maestro de capilla del pueblo y después fue designado para ocupar la dirección de la escuela de música de Santa Lucía Cotzumalguapa, en el departamento de Escuintla. A los 15 años muere su padre y a pesar de su corta edad, le sustituye en el cargo de director de música en Santa Lucía. Contrajo matrimonio con Anita Minera de García, con quien procreó ocho hijos. Murió en la ciudad de Guatemala, el 26 de diciembre de 1946.

En 1879, por órdenes expresas de Justo Rufino Barrios, gobernante de Guatemala, Rafael Álvarez llegó a la capital del país, a efectuar estudios en la Escuela de sustitutos de la banda nacional, bajo la dirección de Pedro Vissoni. A los tres meses de estudios dominó la flauta y el pícolo y pasó a formar parte como integrante de la Banda Marcial, bajo la dirección del maestro alemán Emilio Dressner. En 1887 se llamó a un concurso literario para seleccionar la mejor composición que serviría como himno nacional. El poeta Ramón Pereira Molina, de Totonicapán, ganó la lid. Se promovió entonces la selección de una partitura para acompañar la composición triunfante. El ganador de este concurso musical, por unanimidad, fue Rafael Álvarez, quien a la sazón contaba con 22 años de edad.

Alvarez4En 1896, José María Reyna Barrios, presidente de la república, abrió un nuevo concurso para seleccionar definitivamente la letra y música al himno nacional de Guatemala y de nuevo, por unanimidad, la partitura escogida fue la de don Rafael Álvarez Ovalle. Por decreto oficial de fecha 19 de febrero de 1897, fue declarada como música del himno nacional la composición presentada por el maestro Álvarez Ovalle. Los alumnos del Conservatorio Nacional cantaron por primera vez el himno oficial de Guatemala, el 14 de marzo de 1897, en el teatro Colón, dirigido por el propio maestro Álvarez Ovalle.

 

En opinión del musicólogo chileno Carlos Lavía:

…el autor de este himno, además de ser un artista, es un maestro del pentagrama, y su singular producción, podría, sin lugar a dudas, calificarse como la más original de todas las que representan en el continente americano el patriotismo de cada nación soberana.

Su vida artística fue plena. Tocaba a la perfección la guitarra, el piano, el violín y la flauta. Organizó diversos conjuntos musicales, entre otros, las estudiantinas La Broma y La Tuna, para difundir la música guatemalteca. Fue maestro del Conservatorio Nacional de Música y de escuelas públicas y privadas. Fundó también la Concertina Guatemalteca y la orquesta femenina del instituto normal central para señoritas Belén y la del Colegio Centroamericano. Además del hermoso Himno de Guatemala, el maestro Álvarez Ovalle escribió diversas composiciones, entre ellas himnos, valses, mazurcas, sones y otras de carácter religioso.

El 15 de septiembre de 1911, el gobierno de Manuel Estrada Cablera le rindió un homenaje en el Teatro Colón, en donde fue condecorado. El 24 de octubre de 1941, con motivo de sus 83 años de edad, las autoridades de San Juan Comalapa le rindieron masivo homenaje. El día de su muerte, el gobierno de la república decretó duelo nacional y costeó los funerales; las escuelas y oficinas públicas cesaron sus actividades y la bandera ondeó a media asta en señal de duelo. Actualmente se conoce poco de sus descendientes, pero se sabe de su bisnieto llamado LUIS RICARDO ALVAREZ OVALLE y su hijo (el tataranieto de RAFAEL OVALLE) Luis Ricardo Álvarez Fernández.

Muere en la ciudad de Guatemala el 26 de diciembre de 1946.

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Por si no lo conocía, le presentamos al maestro Rafael Álvarez Ovalle, autor de la música del Himno Nacional de Guatemala, sentado, a la izquierda, a fines del siglo 19. Le acompañan los músicos: Ramón González, Francisco Gutiérrez, Agustín Ruano, Rafael González y Tránsito Molina. Álvarez nació en San Juan Comalapa, el 24 de octubre de 1858, y procreó siete hijos con Ana Minera. Murió, a los 88 años, el 26 de diciembre de 1946.

José Joaquín Palma (1844-1911)

 

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BIOGRAFIA

José Joaquín Palma es uno de los más apreciados orgullos de Cuba, Honduras, Guatemala y en general, las Antillas y toda América Central. Poeta, educador, patriota, velador de la justicia y la juventud se esmeró por crear una base sólida desde la cual los jóvenes del mañana pudieran alcanzar un prospero futuro. Debido a su participación en la guerra del 1868 tuvo que salir de Cuba. Recorrió América, llegando a establecerse en Guatemala, donde aun se le considera el “…más predilecto de sus hijos adoptivos.” Al himno nacional guatemalteco fue Palma quien le aportó la letra.

José Joaquín Palma y Lasso de la Vega nace en la histórica ciudad San Salvador de Bayamo, cuna de célebres patriotas, el 11 de septiembre de 1844, en una modesta casa de la calle Vicente Ferrer, al pie del convento de Santo Domingo. Fueron sus padres don Pedro Palma y Aguilera, terratenientes de la región, y doña Dolores Lasso, descendiente del ilustre Lasso de la Vega. Ambas condiciones influyeron poderosamente en su educación y, posteriormente, en su admirable personalidad.

Sus primeros estudios iniciaron en el convento de San Francisco, a los nueve años de edad, pero no sería hasta los doce que se adentrara en la verdadera educación formal, en el colegio de Santo Domingo, bajo la dirección del padre Pedro Ramírez, donde cursa estudios hasta 1856. Posteriormente ingresa en el colegio “San José”, a cargo de don María Izaguirre. Por sus habilidades y su desenvolvimiento académico alcanza en este centro la categoría de profesor de enseñanza elemental.

Una anécdota relata que en este colegio Palma traba amistad estrecha con don Ignacio Martínez Valdés, hombre de edad provecta, profundo conocedor de las literaturas latina y española. Bajo su guía José Joaquín lee e interpreta a los clásicos y se adentra en el mundo del bien decir, con belleza y elegancia. Siendo encarcelado su mentor bajo falsas acusaciones, su discípulo acudía su celda noche tras noche, de seis a nueve, a verlo, y en un rincón de la cárcel analizaban y discutían ambos los textos de Calderón, de Rioja, de los Moratín, de Moreto, de Fray Luis de León y de Tirso de Molina.

Poco después de terminar su segunda enseñanza, sobre los veinte años, despunta como periodista y funda con Francisco Maceo Osorio el periódico La Regeneración, donde da a conocer sus primeras incursiones poéticas. En esta etapa también se introduce en los salones de la Sociedad Filarmónica de Bayamo, espacio éste en que intercambia con la aristocracia de la sociedad bayamesa, la misma de cuyo seno brotaron los gestores de la epopeya que poco tiempo después habría de iniciarse en esta misma tierra. Entre aquellos hombres y mujeres heroicos que levantaron sus manos por la libertad estuvo presente desde el primer momento José Joaquín Palma. Su amor profundo por la patria lo condujo a ser consecuente con el momento y las circunstancias históricas, pues por encima de todo para él estuvo siempre primero el destino de su patria querida, cruelmente pisoteada.

Integrante de la causa libertadora de 1868 desde sus principios, sirve de Ayudante de Campo al Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes. Desempeña importantes cargos durante aquella ardua faena, incluyendo el ser de los primeros en poner en llamas a su propio hogar durante la famosa quema de su ciudad natal.

Desde el levantamiento de La Demajagua Palma es uno de los soldados incondicionales a Carlos Manuel de Céspedes, a quien sirve de Ayudante de Campo. Se dedica intensamente al reclutamiento de hombres en la zona de Bayamo. Es designado regidor del Ayuntamiento una vez liberada la ciudad por los mambises. En el histórico incendio de Bayamo es uno de los primeros en tomar la tea incendiaria y prender fuego a su casa. A él corresponde el honor de reclutar a Máximo Gómez en pro de la causa independentista cubana. Por su notable desempeño en los campos insurrectos ocupa importantes cargos.

Presenta junto a Ramón Céspedes Borrero una moción a favor de la esclavitud, en cuya reunión de aprobación expresó: “Si en Cuba esclava no puede haber hombres libres, en una Cuba libre no puede haber hombres esclavos”.

En esta etapa retoma su labor periodística con El Cubano Libre, en el que participa como uno de sus principales redactores.

Por sus actividades políticas se ve precisado a salir de Cuba y recorre América. Reside alternativamente en Honduras y Guatemala, llegando a establecerse definitivamente en éste último país, donde aún es considerado como “el más predilecto de sus hijos adoptivos”. Una vez en el exilio continúa su labor en pos de la independencia de su patria: ayuda a los cubanos dispersos en el extranjero, entre estos a Máximo Gómez; recauda fondos para la lucha insurreccional en Nueva York, Jamaica, Perú y otros países de Sudamérica.

Durante su estancia en Honduras, Palma se desempeña en la educación, fundamentalmente de la juventud, labor esta que le acarrea notables reconocimientos. Trabajó además como Secretario del Presidente de la República, Marco Aurelio Soto. En 1979 el presidente de la república hondureña le hizo entrega de una medalla de oro por sus virtudes como patriota y como poeta. Adquirió la ciudadanía hondureña.

PalmaEn Guatemala trabajó inicialmente en la construcción del canal de Panamá. Al asentarse de forma definitiva en esta tierra se desempeña como director de la Biblioteca Nacional y catedrático de literatura española en la Facultad de Derecho. Se convirtió igualmente en ciudadano de esta nación que lo acogió con los brazos abiertos y que hasta la actualidad le rinde tributo.

Durante su vida en el extranjero José Joaquín Palma también cultivó una entrañable amistad con José Martí. La pena de la patria esclava y distante unido al deseo de verla libre fueron el estandarte común de ambos próceres cubanos y uno de los motivos que forjara esta fuerte amistad.

En su exilio logra altos cargos y merecidos reconocimientos. Desde América Central, donde ha radicado a su familia, compone bellas estrofas, educa a la juventud y sirve a Cuba una y otra vez dándole refugio a otros exiliados y apoyando los esfuerzos de liberación. Participa en los actos de constitución de la República y se le otorgan honores bien merecidos. En 1902, con la derrota de la colonia, regresa al país y participa en los actos de constitución de la República, en los que se le rinden merecidos homenajes. Sus compatriotas lo proponen para ocupar altos cargos, pero Palma rechaza el nombramiento. Empero, acepta el cargo de Cónsul de Primera como representante de Cuba en Guatemala, cargo que ejerció hasta su muerte. Vuelve a visitar a Cuba en 1906 y 1909. Visita a Europa. El 2 de agosto de 1911, en Guatemala, fallece José Joaquín Palma.

Regresó a Cuba de visita en 1906 y en 1909

Entre todos sus méritos uno de gran valía lo es haber sido el compositor del Himno nacional de Guatemala, a decir de muchos uno de los más bellos del mundo. Sin embargo, Palma mantuvo en anonimato su autoría hasta que poco tiempo antes de morir reveló su secreto.

Al saber el pueblo guatemalteco que José Joaquín Palma había compuesto su preciado himno “Guatemala Feliz” gozoso le rindió un alto tributo. Una corona de laurel de plata fue ceñida en su cabeza mientras bandas marciales entonaban el Himno Nacional frente a su casa, donde yacía postrado en una cama. Se cuenta que el poeta agradeció el gesto con lágrimas en los ojos, porque ya no podía hablar.

Sus restos mortales, envueltos en la bandera cubana, fueron trasladados hasta el cementerio de la ciudad capital de Guatemala, donde descansaron hasta el 17 de abril de 1951, fecha en que una delegación de cubanos los condujo hacia su patria para darle digna sepultura en su tierra natal, en cumplimiento de la voluntad del poeta, quien nunca olvidó a su querido Bayamo y así escribiera en uno de sus poemas

Palma2¡Salve, oh Cuba, la opulenta!
Tú mi pasión más querida
y más alta
deja que mi alma sedienta
beba en tu seno la vida
que me falta.
Mas ya que cercana zumba
la voz de la muerte helada,
te reclamo,
sólo un sauce y una tumba
cabe a la orilla sagrada
del Bayamo.

Historia del Himno Nacional de Guatemala

bandera 3 copia 2En el año 1879, el Presidente Justo Rufino Barrios, por intermedio de la Sociedad Literaria “El Porvenir”, convocó a un concurso para elegir el Himno Nacional, que debería entonarse con motivo de la promulgación de una constitución.

Pero tal vez por la premura del tiempo que se dio para presentar los trabajos –únicamente 15 días- ninguna obra mereció ser escogida para la letra del himno patrio, siendo premiados por su valor literario los siguientes poemas: “Himno a la patria” de Juan Fermín Aycinena; “A Guatemala”, de Miguel A. Saborio y “A la Patria”, de Miguel A. Urrutia.

En 1887, el secretario de la Jefatura Política Departamental de Guatemala, Ramón P. Molina, totonicapense, cursante de la facultad de Derecho, compuso una estrofa (Himno Popular) dedicadas a la patria, las cuales regularmente eran declamadas en actos cívicos.

El Jefe Político, Gral. Manuel Aguilar, organizo un concurso entre músicos guatemaltecos para ponerle música a la letra del Sr. Molina, y un jurado nombrado para el efecto otorgó el primer puesto a la música compuesta por el compositor Rafael Álvarez, cuya composición se canto por el pueblo durante 10 años sin ser adoptada oficialmente como Himno Nacional de Guatemala. Considerando que la letra no llenaba los requisitos indispensables para ser el Himno Patrio, el Presidente Reyna Barrios convocó a un concurso nacional para la hechura de un canto patriótico oficial definitivo, el que se abrió el 26 de Julio de 1896, cerrándose el 15 de Octubre del mismo año.

El 28 de Octubre de 1896, un Jurado integrado por los señores José Leonardo. F. Castañeda y José Joaquín Palma, emitió su fallo favoreciendo a la letra amparada por su pseudónimo “anónimo”, sin ninguna identificación, no sabiéndose por lo tanto a quien entregar el galardón ofrecido: pero, siendo la premiada, tuvieron que darla a conocer para que se le hiciera la música.

Rafael Álvarez al ver que la nueva letra coincidía exactamente con la música compuesta por 10 años antes, decidió presentarla nuevamente y después de seleccionados los trabajos, el 1 de Febrero de 1897 quedo reconocida oficialmente como la música del Himno Nacional de Guatemala.

La nueva letra del Himno Nacional fue entonada por escolares y pueblo en genera, pero el autor siguió en el anonimato, aunque se tenían motivos para atribuirla al poeta cubano José Joaquín Palma; pero no fue sino 14 años después, cuando el admitió ser el autor de aquella letra.

Por acuerdo del Presidente Manuel Estrada Cabrera, el 15 de Septiembre de 1910, se le reconoció oficialmente como autor de la letra y el 23 de Julio de 1911 intelectuales, escolares y pueblo en general, rindieron al Poeta un merecido homenaje y colocaron sobre su frente una corona de laurel.

Letra original del Himno Nacional

Guatemala feliz… ya tus aras
no ensangrienta feroz el verdugo:
ni hay cobardes que laman el yugo
ni tiranos que escupan tu faz.

Si mañana tu suelo sagrado
lo profana invasión extranjera
tinta en sangre tu hermosa bandera
de mortaja al audaz servirá

CORO
Tinta en sangre tu hermosa bandera
de mortaja al audaz servirá
que tu pueblo con ánima fiera
antes muerto que esclavo será.

De tus viejas y duras cadenas
tú fundiste con mano iracunda
el arado que el suelo fecunda
y la espada que salva el honor.

Nuestros padres lucharon un día
encendidos en patrio ardimiento,
te arrancaron del potro sangriento
y te alzaron un trono de amor.

CORO
Te arrancaron del potro sangriento
y te alzaron un trono de amor
que de patria al enérgico acento
muere el crimen y se hunde el error.

Es tu enseña pedazo de cielo
entre nubes de nítida albura,
y ­¡ay de aquél que con mano perjura
sus colores se atreva a manchar!

Que tus hijos valientes y altivos
ven con gozo la ruda pelea
el torrente de sangre que humea
del acero al vibrante chocar.

CORO
El torrente de sangre que humea
del acero al vibrante chocar,
que es tan solo el honor su presea
y el altar de la patria, su altar.

Recostada en el Ande soberbio,
de dos mares al ruido sonoro,
bajo el ala de grana y de oro
te adormeces del bello quetzal;

Ave indiana que vive en tu escudo,
paladión que protege tu suelo,
­ojalá que remonte su vuelo
más que el cóndor y el águila real!

CORO
­¡Ojalá que remonte su vuelo
más que el cóndor y el águila real,
y en sus alas levante hasta el cielo,
Guatemala, tu nombre inmortal!

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